martes, 25 de noviembre de 2014

25N: Microrrelatos contra la violencia


Es 25 de noviembre, uno de los días reivindicativos por excelencia en la lucha por los derechos de las mujeres. Esta conmemoración se centra en fomentar la eliminación de la violencia de género en todas sus formas. 
Y aquí está, como prometida, mi pequeña aportación este año.
Cristina Serrano, Pilar Careaga y yo hemos sido las encargadas de seleccionar, entre un total de 104 microrrelatos, los textos ganadores y finalistas tanto en la categoría general como en la escolar del concurso convocado por Fundación Mujeres.
No ha sido nada fácil. Han sido muchas horas de lectura y análisis constatando la alta calidad literaria media y el conocimiento profundo que la sociedad va teniendo sobre este tema, pero claro, al final hemos tenido que decidirnos por varios de ellos.
Ha habido, sin embargo, algo que me ha desolado. De todos, solamente en veinte se supera la situación de violencia, logrando por tanto ese mensaje esperanzador que tanto anhelábamos desde el jurado. Más de la mitad finalizan con la muerte de la mujer o la permanencia en ese infierno que se muestra sin salida. ¿Estamos también en este tema desesperanzados, descreídos? No puede ser. Hay que seguir reivindicando, tomando conciencia no solamente del problema, sino de que tiene solución. Y que para ello los responsables políticos tienen que tomar cartas en el asunto. Aquí no valen discursos de austeridad ni largas en la aplicación de las normas. Es inaplazable. 
Le doy la enhorabuena a Fundación Mujeres por la idea y el trabajo y a todas las personas que han colaborado con su imaginación y esfuerzo. Han contribuido a concienciar y sensibilizar sobre esta problemática. Tolerancia cero, y exigencia para acabar con ella, toda.
Os dejo el texto ganador en la categoría general, La enredadera.
El resto pueden leerse aquí. Invito a hacerlo. 

Él apareció en casa de ella sin ser invitado. Era el amigo de un amigo que pasaba por allí. Se desplazó flotando, como una espora que trae el viento y cae liviana sobre la hierba mullida. Un día germinó, echó raíces sobre el cojín derecho del sofá. Sin hacer ruido y sin avisar, lentamente, como hacen las plantas fue colonizando su espacio y su vida.
Los amigos de ella dejaron de ir a visitarla. Él era tan absoluto que ella había dejado de ser ella, se estaba transformando en un ser híbrido, casi vegetal, y con la voluntad aletargada de un ficus.
El tiempo corrió lento, pero sin detenerse. Un año después, los bomberos derribaron la puerta alertados por los vecinos, que se quejaban de las selváticas ramas que vomitaba sin control el ventanal del salón. En el interior, un cúmulo de raíces retorcidas se extendían como el esqueleto de un inmenso parásito, hasta llegar a la habitación, donde ella yacía inmóvil, aprisionada por las ramas gruesas de una frondosa enredadera.

(La autoría del texto es de Carmen Barrios, seudónimo Dulce Violeta).