sábado, 14 de junio de 2014

Opinión lectora


Mi admirado Víctor Guerrero Cabanillas me hacía llegar este escrito sobre mi última obra, “Desde la eternidad”. Comparto con su permiso las palabras que tan gratamente recibí a través de la red. Gracias, amigo.

La novela es un ejemplo plausible de que, lejos de juicios excluyentes, es posible articular un buen relato en el que la temática delictiva criminal sirve como medio de practicar el realismo crítico social. Mucho menos discursiva, con una narración impecable, nada retórica, sin digresiones, va hilvanando con destreza una trama argumental que mantiene la intriga de principio a fin. Es evidente, de cualquier modo, que la literatura sigue representando para Susana una herramienta de progreso y transformación social. A mis años, sin embargo, la denuncia de los males de la sociedad no pasa de ser una cuestión de coherencia y de honestidad personal, más que una herramienta de transformación social. Pero el intelectual debe dar testimonio, efectivamente.
La venalidad de políticos y responsables policiales, los males de la sociedad, los problemas actuales cotidianos encuentran lugar dentro de la armonía general del relato, que contiene momentos de brillantez. El lenguaje de los personajes, como decía la periodista Elisa Blázquez en su presentación en la Feria del Libro de Cáceres, resulta muy “creíble”.
Escenarios cosmopolitas muy enriquecedores, que le prestan mucho más cuerpo a la novela. Compartir Mérida y Nápoles, con mucha destreza descriptiva, por cierto, las referencias a la gastronomía y a la diversidad cultural, qué duda cabe que representa un plus muy valioso, a mi juicio.
En fin, yo no soy crítico literario; nada, pues, puedo decir desde la formalidad de los cánones de la narrativa. Me sucede como cuando bebo un vino, oigo una música o examino un cuadro: Me gusta o no me gusta. Sin embargo, no sabría decir por qué de una manera definida. Pues bien, la novela me ha entretenido, me ha hecho pensar y, en consecuencia, me ha gustado. Eso es todo. Mi enhorabuena.
A esperar impaciente la próxima entrega.